Todas las mentiras del poeta Luis García Montero

 

Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.

Luis García Montero

 

Los poetas mienten y falsean, en definitiva, inventan porque ese es su trabajo. Trabajan con los cinco sentidos y cultivan la técnica todo lo que les es posible para lograr alcanzar así una profesionalidad que les permita conocer exactamente dónde asestar el golpe a los sentimientos del lector, así como la intensidad con la que quieren darlo. Así es como Luis García Montero y el resto de poetas defensores de la corriente de La otra sentimentalidad entienden el trabajo del poeta y la poesía que, aunque nos cueste aceptarlo es un género literario tan ficticio como la novela policiaca. Este género de la poesía surge en Granda en 1983 al calor de la pluma de tres hombres que amaban tanto las letras como son García Montero, Álvaro Salvador y Javier Egea, quienes rompieron con los moldes que hacía de la poesía un género solo al alcance de unos pocos entendidos y eruditos de la materia y decidieron poner sus versos y sus ritmos al alcance de todos. Con un lenguaje de la calle y que habla de la calle, de la ciudad, de sentimientos cotidianos, de experiencias humana y de la vida, en general.

García Montero parte de la premisa de que la tradición nos ha enseñado a leer poesía buscando los símbolos y metáforas que nos muestren el estado de ánimo de la persona que habla, es decir, no se nos presenta, como sí puede suceder en la prosa, como el resultado de horas de meditación y esfuerzo por conseguir un determinado ritmo y una metáfora que logre encajar y resultar adecuada, sino que lo que se plantea es un poeta abrasado por el fuego de sus sentimientos que, desbordado por los sentimientos que le invaden, decide utilizar su impulso para confesar en un poema todos sus sentimientos, como si ese acto espontáneo, según nos han enseñado durante muchos años, sirviese para elaborar versos perfectos, como si de inspiración divina se tratase. Lo que García Montero plantea es una ruptura con esta concepción clásica. Una ruptura que permita al lector ser capaz de entender que la poesía, al igual que cualquier otro género literario, es ficción. Es decir, que se trata de algo ficticio que requiere de visos de verdad para que el lector sea capaz de creérselo y sentirse identificado. Sin embargo, es necesario desterrar la creencia de que el lector se siente identificado porque el poeta se esté confesando ante él, sino que lo hace porque el autor del poema ha pasado largas horas pensando cuál era la mejor fórmula, cuál el ritmo y cuál la metáfora más apropiada para lograr que el lector se sintiese identificado y viese reflejado en el poema sus propios sentimientos y sus experiencias diarias.

cultura-tropica_garcia-montero-perfil

De esta concepción equivocada sobre lo que es la poesía y cómo se construye tiene bastante responsabilidad la imagen platónica del poeta que, durante muchos años lo ha asociado con una persona que se aleja de la técnica para retirarse en una suerte de posesión sentimental que lo controla y maneja y hace brotar de él las palabras. Con esta idea lo que afirmamos, por tanto, es que el poeta es no es un profesional, sino que es un ser alejado de los procesos de inteligencia, con lo que nos encontramos así con poetas que aceptan y asumen el insulto. Y no solo eso, puesto que lo recogen con orgullo a pesar de que se les presenta como a unas personas alejadas del raciocinio y se les caracteriza como adolescentes idealistas que se enamoran y deben escribir para liberar de sí la tortura que le amedrenta el corazón.

Lo que García Montero reivindica es una percepción que se ajuste de una manera más realista a lo que en realidad supone el trabajo de los poetas. Una labor que requiere de largas horas de trabajo, perseverancia y premeditación para, al igual que sucede con la pintura, poder dominar el arte –de la palabra en este caso – hasta donde sea posible. En definitiva, se trata de comprender que, al igual que el resto de obras artísticas, la poesía es un artefacto, es decir, un “producto” fruto del esfuerzo con el que el autor supedita lo que quiere contar a la técnica y lo somete a una objetividad que le permita lograr la identificación del lector para lograr así que el poema cumpla con su función literaria. Ya que, tal y como asegura el autor del texto, lo importante en un poema no es que quien lo ha escrito sienta mucho y lo confiese al público con el corazón en la mano, sino que lo esencial es que el lector se identifique con lo que lee, es decir, sea útil para quienes se acerquen al poema.

cultura-tropica_garcia-montero-y-almudena-grandes

Poetas como Baudelaire fueron capaces de reivindicar y admitir el importante papel que desempeña la disciplina en la proceso de creación literaria, ya que el autor debe ser capaz de supeditar aquello que quiere decir a las técnicas literarias y estrategias estéticas para conseguir un efecto en el lector, algo que no sucederá si el poeta se limita a plasmar en un folio sus propios problemas personales. Aunque aún nos cuesta, somos capaces de ver el reflejo del esfuerzo en aquellos versos complejos, tradicionales y hasta en algunas ocasiones arcaicos que se visten con visos de lenguaje altisonante y altas dosis de retórica, sin embargo, parece que todavía somos reticentes a reconocer que quienes construyen poesía realista basada en la cotidianidad y en nuestras experiencias diarias. Pero la técnica poética se esconde en todos los rincones de cada verso, incluso en aquellos vestidos con el traje de la sencillez para hablarle de forma directa a los lectores, como es el caso de los versos de García Montero. En definitiva, la poesía no es algo que emane de espíritus frágiles, dolidos y apasionados, puesto que haber sufrido una determinada experiencia tortuosa no nos capacita para contarla mediante versos encarnados si antes no hemos dedicado a ello largas horas de meditación y esfuerzo para pulir una técnica que sí nos haga ser capaces de lograr plasmarlo en un poema.

Pese a lo que a priori pueda parecer, la originalidad y el estilo del poeta no aparece por arte de magia o porque el autor sienta mucho, sino que surge tras largas horas de trabajo en las que el escritor es capaz de separarse de sus propios sentimientos y sus impulsos pasionales. A este respecto el propio Luis García Montero afirma en sus postulados que no es imprescindible que lo que se diga sea verdad, sino que lo verdaderamente importante es que el lector lo sienta verdad, que se identifique y, por tanto, se sienta implicado con lo que se cuenta. Por tanto, el gran esfuerzo del poeta ha de ser el de lograr crear un efecto de verdad textual, es decir, ser capaz de construir un artificio con el que consiga recrear (y no expresar) las emociones cotidianas de la vida para alcanzar así al público y que este pueda sentirse identificado.

Con una larga trayectoria a sus espaldas –y toda la que le queda por delante- García Montero puede presumir de tener su propio documental, pues hace unos meses se estrenaba Aunque tú no lo sepas (de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega), una película que supone un retrato cargado de cariño y admiración de García Montero, de sus amigos, de su vida y de su carácter. De Lorca y de Granada, de cómo la universidad cambió su vida y de cómo Alberti fui un ídolo y un amigo. En definitiva este documental supone el reconocimiento no solo a la persona, sino a su poesía, a todos los versos que un día lograron hacernos sentir en casa y nos reconfortaron con su lectura.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s